domingo, 3 de febrero de 2013

Sed bievenidos...

Dice la leyenda que la madre de la hermosa princesa Andrómeda, Casiopea, había presumido de ser tan bella como las Nereidas, lo que encendió la cólera del dios del mar, Poseidón, que decidió inundar las tierras donde reinaban Casiopea y su esposo, el rey Cefeo. Además mandó contra ellos al monstruo marino Ceto, para que acabase con las tierras y el ganado de su hogar, Etiopía.

Cefeo, el padre de la princesa sabía, tal y como le había dicho el oráculo de Amón, sabía que sólo había una manera de salvar su tierra: entregar a su hija Andrómeda al monstruo. Para tal efecto la encadenó a una roca y la ofreció desnuda, únicamente vestida con unas hermosas joyas.

Aquello habría sido el fin para la princesa, sino hubiera sido por Perseo, que volaba por allí con sus sandalias aladas. Cuando el hombre que había matado a Medusa fijó sus ojos en la hermosa joven, se enamoró perdidamente de ella. Tras un tira y afloja con los que estaban destinados a ser sus suegros, Perseo acabó con Ceto gracias a la cabeza de Medusa, que convertía en piedra a aquel que la mirase. Tras acabar con el prometido de la Andrómeda se casaron y tuvieron una hija y seis hijos.

Esto es al menos lo que dice la leyenda que todos conocemos. Lo que nadie sabe es lo mucho que tuvo que luchar Casiopea para que su hija la perdonase, pues a fin de cuentas, había sido ella la responsable de lo que había tenido que sufrir la esposa de Perseo. A pesar de lo resentida que estaba con su madre, Andrómeda tenía buen corazón y terminó por perdonar a sus padres. Además, su relación con su progenitora se hizo más estrecha.

Parece ser que ambas eran grandes aficionadas a la lectura (pasatiempo que Andrómeda también compartiría con su hija, Gorgófone). Ahora es nuestro turno, y nos gustaría compartir con todos vosotros nuestras aficiones.

Bienvenidos a ‘El Desván de Casiopea y Andrómeda’

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